
México cierra el tercer trimestre con señales de estabilidad y nuevas metas ambientales
Ciudad de México.- México inició el último trimestre de 2026 con un panorama económico marcado por la evolución de las finanzas públicas, el seguimiento de la inversión y la continuidad de los programas sociales, mientras el Gobierno federal mantiene en marcha nuevas estrategias relacionadas con el agua, el cambio climático y el uso eficiente de la energía.
Al cierre de julio, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público reportó que los principales balances fiscales registraron resultados mejores a los previstos en el programa, dentro de la estrategia de reducción gradual del déficit presupuestario. Los ingresos presupuestarios crecieron por tercer año consecutivo, impulsados principalmente por la recaudación del IVA, el IEPS distinto de combustibles, los impuestos a las importaciones y mayores ingresos petroleros.
El gasto destinado al desarrollo social también mostró un incremento real anual de 9.2% durante los primeros siete meses del año. Hacienda destacó aumentos en rubros como salud, educación y protección social, además de la continuidad de los Programas para el Bienestar, que forman parte de las prioridades presupuestarias de la actual administración.
En materia de crecimiento, los Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027 plantearon que la economía mexicana podría registrar un crecimiento de entre 1.8% y 2.8% durante 2026, respaldado por el consumo, el empleo y la inversión pública y privada en sectores considerados estratégicos. Se trata de estimaciones oficiales y no de un resultado definitivo para todo el año.
El agua entra en una nueva etapa de planeación
En paralelo con la agenda económica, el Gobierno federal mantiene la implementación del Programa Nacional Hídrico 2026-2030, publicado por la Comisión Nacional del Agua y establecido como el principal instrumento de planeación de la política hídrica nacional para los próximos años.
El programa contempla cinco objetivos, 20 estrategias y 75 líneas de acción, entre ellas mejorar la gestión del agua, ampliar el acceso al agua potable y saneamiento, impulsar un uso más eficiente del recurso en actividades agrícolas, industriales y de servicios, así como proteger cuencas y acuíferos. También incorpora medidas para reducir la vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático.
La estrategia adquiere relevancia para las entidades del norte, donde el crecimiento urbano, la actividad industrial y las condiciones de disponibilidad de agua han colocado la gestión hídrica entre los asuntos de infraestructura que requieren mayor planeación. El programa federal plantea precisamente una coordinación entre distintos niveles de gobierno para mejorar los servicios y administrar de manera sustentable las fuentes de abastecimiento.
Transición energética y cambio climático
El componente ambiental también avanzó durante 2026 con la adopción del Programa Especial de Cambio Climático 2026-2030, aprobado por la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático. El instrumento establece metas, acciones, presupuesto e indicadores para coordinar las políticas de mitigación y adaptación climática del Gobierno federal.
El programa contempla acciones en sectores como energía, transporte, agricultura, industria y ordenamiento territorial, además de medidas relacionadas con adaptación, pérdidas y daños y fortalecimiento de las capacidades institucionales. Su objetivo es convertir los compromisos climáticos nacionales en acciones que puedan ser monitoreadas durante los próximos años.
En el sector energético, la Secretaría de Energía también reportó avances del Programa Sectorial de Energía 2025-2030, con acciones orientadas a acelerar de manera ordenada la transición energética y promover el aprovechamiento sustentable de la energía. Por su parte, la Conuee mantiene programas dirigidos a mejorar la eficiencia energética, impulsar sistemas de gestión de energía y promover proyectos sustentables.
De esta manera, México entra al último trimestre del año con dos agendas que avanzan de manera paralela: por un lado, el seguimiento de las finanzas públicas, la inversión y los programas sociales; por otro, la implementación de instrumentos de largo plazo para enfrentar los retos relacionados con el agua, el cambio climático y el consumo energético. Los resultados económicos definitivos de 2026 y el avance de estos programas permitirán evaluar durante los próximos meses qué tan cerca se encuentran las metas planteadas por el Gobierno federal.
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