Violencia doméstica: La muerte que avisa

Violencia doméstica: La muerte que avisa

Tan sólo en lo que va del año, más de 800 reportes de abusos entre cónyuges y familiares, se han registrado en la División de Violencia Doméstica de la Fiscalía de Distrito, un problema social que va de mal en peor, a pesar de las múltiples campañas para frenar este fenómeno que no respeta edades,

Tan sólo en lo que va del año, más de 800 reportes de abusos entre cónyuges y familiares, se han registrado en la División de Violencia Doméstica de la Fiscalía de Distrito, un problema social que va de mal en peor, a pesar de las múltiples campañas para frenar este fenómeno que no respeta edades, ni clases sociales ni géneros.

Es un problema degenerativo, endémico, pernicioso y, fatal. Se calcula que 3 de cada 10 casos terminan con saldos fatales.

Es la muerte que avisa.

Para Cecilia Beltrán, fundadora del Grupo Amor, la violencia intra-familiar se ha convertido ya en la madre de todos los problemas sico-sociales que sufre la sociedad de aquí, de allá y de todos lados.

Porque, dice  que “la violencia en el hogar, provoca, primero, la desintegración familiar, provocando que los hijos dejen la casa y de plano se lancen a los vicios, a la delincuencia, como consecuencia de la falta del amor y de los  cuidados básicos de los padres, al grado que los golpes hicieron ya una cultura destructora”

Prevalecen, en este tipo de problemas,  muchos factores determinantes, como son la drogadicción, el alcoholismo y otras causantes socialmente genéticas, porque la violencia se convierte en un ciclo repetitivo, hasta llegar a la muerte anunciada.

“Los problemas violentos en el seno familiar, inician con pequeñas discusiones, las que al poco tiempo escalan después a los golpes con las manos o puños, hasta con objetos, de todo tipo,  incluyendo las armas de fuego”,  asegura la trabajadora social.

Y Laredo ha sido testigo de muchos asesinatos de mujeres, de madres en cuyos hogares imperó la violencia, normalmente protagonizada por los hombres.

Por ejemplo “María” es la prueba viviente de lo que es la violencia a manos de su pareja. Cuenta cómo su vida fue un verdadero martirio al lado de su esposo, quien siempre fue posesivo, celoso, tanto, que ni siquiera la dejaba salir ni tener visitas en su casa, hasta que el problema fue más allá cuando la empezó a golpear “con lo que encontrara”.

Dice que el problema fue creciendo hasta que en varias ocasiones la quiso matar estrangulándola  con sus manos y en otras ocasiones, hasta con unos cables.

El problema se hizo tan grande que lo tuvo que mandar a la cárcel, pero el problema no paró ahí, hasta que prácticamente tuvo que salir huyendo de su casa, encontrando cobijo y protección física y legal en el Grupo Amor, donde también recibe ayuda espiritual y sicológica de personas profesionales, porque ya había perdido las ganas de vivir, pensando en el suicidio.

“María” asegura que si el problema de la violencia física y sicológica en los hogares, persiste porque la ley de Estados Unidos es muy fría,  tiene un sistema legal antifuncional, obsoleto,  aparte que los tratamientos que reciben los protagonistas, tras salir de la cárcel, no dan los resultados que se necesitan, “porque vuelven a golpear”

Una vida muy similar, la sufrió “Martha”, quien por  muchos años soportó los golpes, maltratos y humillaciones de su esposo, porque la tenía amenazada con deportarla y por el miedo de perder sus dos hijos, aguantó de todo durante 3 años, hasta que ya su físico no pudo más y lo denunció ante las autoridades.

Hoy, vive feliz, con sus pequeños y bajo la protección de la Ley Vawa, otorgada por la Fiscalía de Distrito, la cual fue especialmente diseñada para proteger a las mujeres indocumentadas que viven en el terror por la violencia de sus maridos.

“Mi sueño americano, se había convertido ya en una pesadilla”, resume la mujer.

La vida de “Lupita”, es casi idéntica a la de “María” y a la de Martha”: Su estancia de 18 años al lado de su pareja fue todo un infierno, tanto que llegó preferir quitarse la vida, a seguir aguantando toda la violencia en toda su expresión, “al grado que ya no me importaron los papeles (de inmigración) porque vivía en constante depresión, pánico, ansiedad, pero por amor a mis hijos,  saqué fuerzas de no sé dónde y descarté el suicidio”.

La vida de estas tres mujeres ha cambiado, gracias al apoyo  y comprensión del Grupo Amor, pero ellas son una mínima parte de cientos de mujeres quienes en estos momentos, están sufriendo hasta lo indecible, a manos de sus cónyuges, porque no se atreven a denuciarlos, a pesar de saber que existe una ley que las defiende y las protege.

 

 

 

 

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