
Pez diablo, una amenaza latente en Tamaulipas: creciente de ríos aumenta el peligro
La creciente de los ríos Guayalejo y Tamesí, así como el desbordamiento del sistema lagunario, ha reactivado una preocupación ecológica de alto impacto: el avance del pez diablo, que en otros momentos ha afectado la producción pesquera del sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz.
El presidente del Consejo Ciudadano del Agua del Estuario del Río Pánuco, José Luis de León Hurtado, aseguró que la situación es grave debido a que se trata de una especie invasora de gran resistencia que ha devastado los ecosistemas locales y desplazado a peces nativos en Tamaulipas.
El peligro del pez diablo en los ríos Guayalejo y Tamesí
“Hablando de esta especie invasora que nos vino a devorar todo, ya no hablo de lobinas, hablo de tilapia, que se han extinguido porque este pez se come todo”, declaró a El Sol de Tampico.
Explicó que el pez diablo, conocido científicamente como Pterygoplichthys spp, se ha convertido en una amenaza directa para especies nativas que ya están casi extintas en la región. Incluso, especies que eran esenciales para la dieta local han desaparecido.
“Hablo de la guabina, la guapota, ya no hay. Se ha extinguido la tilapia, que es un alimento que se comía aquí y que era la especie endémica de toda la región. No hay, se acabó”, destacó.
Anteriormente, en las lagunas de Tampico y Altamira se lograban capturas de especies comerciales como tilapia, bagre, lobina, robalo, carpa y langostinos, lo que cada vez es más escaso o inexistente.
El pez diablo no es comestible, ni puede aprovecharse comercialmente
Esta especie, que anteriormente era utilizada en peceras y conocida como “limpiador”, lleva más de una década apropiándose del sistema lagunario. En 2015, instituciones como el Centro de Estudios Tecnológicos del Mar (Cetmar) realizaron estudios para encontrar una forma de aprovechamiento.
En aquel análisis, estudiantes y maestros quedaron sorprendidos por la capacidad de resistencia del pez diablo, ya que su piel gruesa podía romper redes de pesca, por lo que incluso se le llama acorazado.
De León recalcó que el pez diablo no es apto para el consumo humano. Además de tener muy poca carne, contiene altos niveles de contaminantes.
“No lo venden, no lo sacan, no lo extraen, no tiene carne. Estos animales no deben comerse tampoco porque comen lodo, y hay mucha materia que no debemos de comer los humanos”, detalló.
“La poquita carne que tiene ese animal no es comestible. No se recomienda, porque está llena de metales pesados y otra serie de cantidades de contaminantes”, añadió.
La salinidad es la única barrera natural contra el “súper pez”
Aunque el pez diablo ha demostrado gran adaptabilidad y resistencia, la salinidad del mar representa su principal debilidad, según el especialista.
“Se va a ir al río Pánuco, donde hay agua salada, y ahí no resiste la salinidad; se va a morir. Al final de cuentas, este desbordamiento va a parar al mar”, destacó.
Sin embargo, advirtió que no todos los ejemplares serán arrastrados al mar, y es ahí donde radica el riesgo: “Muchos se quedan y se entierran. El pez diablo puede resistir bajo el lodo, a tres metros de puro lodo, y no se mueren porque comen de todo, ¿verdad? Es un animal muy resistente”, insistió.
Norte de Veracruz ha perdido 60% de su producción; urge presencia de autoridades
El impacto del pez diablo no se limita a Tamaulipas. En el norte de Veracruz, particularmente en el municipio de Pueblo Viejo, pescadores aseguran que el 60 % de la producción se ha perdido por la invasión de esta especie.
“Este pez depreda los huevecillos de las especies nativas, lo que está reduciendo drásticamente su población. Si no se actúa pronto, podría desaparecer la pesca en el norte de Veracruz y sur de Tamaulipas”, advirtió el pescador Rómulo de León García.
La presencia del pez diablo se ha documentado desde hace más de una década, pero en los últimos cinco a ocho años su población se ha disparado, invadiendo lagunas, ríos y canales clave como el río Pánuco, lagunas de Pueblo Viejo y comunidades como Emiliano Zapata, Benito Juárez, El Barco, Paciencia y Aguacate.
“El sistema está muy pobre. En dos horas de trabajo solo saqué seis kilos de acamaya; a 70 pesos el kilo, apenas nos alcanza para sobrevivir”, relató Bonifacio Domínguez, pescador de la zona de Tancol, en Tampico.
Los pescadores y ejidatarios afectados coinciden en que la situación debe ser atendida de forma urgente por los gobiernos de Veracruz y Tamaulipas, y piden la implementación de medidas específicas.
“Que se implementen programas de control biológico o captura masiva. De lo contrario, en poco tiempo esta especie acabará con todo. Nuestros ingresos se han desplomado. Esta plaga está matando nuestra fuente de trabajo. Necesitamos ayuda ya”, concluyó Rómulo de León.
Por Mariela Macay
Foto: José Luis Tapia
Créditos: oem.com.mx
![]()

