
IA diseña nuevos virus para combatir bacterias resistentes; las Perseidas también preparan su espectáculo
La inteligencia artificial acaba de dar un nuevo paso dentro de la biología sintética, luego de que investigadores de Stanford University y el Arc Institute utilizaran modelos de lenguaje genómico para diseñar bacteriófagos capaces de infectar y destruir bacterias. El avance fue probado específicamente contra Escherichia coli, incluyendo cepas resistentes a antibióticos, y abre una posible nueva vía para desarrollar terapias contra infecciones difíciles de tratar.
El equipo empleó modelos de IA conocidos como Evo 1 y Evo 2, entrenados para analizar información genética y generar diseños de genomas de bacteriófagos. De los cerca de 300 diseños que fueron sintetizados y evaluados en laboratorio, 16 demostraron ser funcionales, es decir, fueron capaces de infectar y matar células de E. coli. Los resultados representan una demostración de que estos sistemas pueden pasar del análisis de secuencias biológicas a la generación de organismos virales funcionales.
La importancia del descubrimiento está relacionada con la creciente resistencia de algunas bacterias a los medicamentos disponibles. Los bacteriófagos son virus especializados que atacan bacterias y, debido a su capacidad para dirigirse a determinados microorganismos, se investigan desde hace años como una posible herramienta complementaria frente a infecciones resistentes. El uso de IA podría facilitar en el futuro la búsqueda de fagos adaptados a bacterias específicas, aunque todavía se trata de una tecnología experimental y no de un tratamiento médico disponible de manera general.
El hallazgo también abrió un debate sobre bioseguridad y uso responsable de la inteligencia artificial en biología. Los propios investigadores y especialistas externos señalaron que la capacidad de generar genomas virales funcionales plantea interrogantes que deben ser considerados mientras estas herramientas continúan avanzando. En este estudio se trabajó con bacteriófagos dirigidos a bacterias y se excluyeron de los datos de entrenamiento secuencias de virus que infectan a humanos, animales y plantas, una medida destinada a limitar los riesgos del proyecto.
Mientras la biotecnología explora nuevas formas de combatir microorganismos resistentes, el cielo de agosto prepara uno de los espectáculos astronómicos más esperados del verano: la lluvia de meteoros de las Perseidas. Este fenómeno ocurre cada año cuando la Tierra atraviesa los restos de polvo y partículas dejados por el cometa 109P/Swift-Tuttle, provocando que pequeños fragmentos ingresen a la atmósfera y se desintegren en forma de destellos luminosos.
Las Perseidas pueden observarse desde finales de julio y alcanzan su mayor actividad a mediados de agosto. La NASA recomienda buscarlas principalmente desde el hemisferio norte y durante las horas previas al amanecer, cuando las condiciones suelen ser más favorables para detectar meteoros. Para disfrutarlas mejor, lo ideal es alejarse de las zonas urbanas y buscar un sitio con poca contaminación lumínica y una vista amplia del cielo.
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